![]() |
Jorge Sánchez Caro, llega este mundo el 15 de agosto de 1928 en una de las más tormentosas madrugadas de la capital de la frontera, Temuco. Su madre le relataba que la vieja casa de madera, en que nació, se estremecía enfrentando al alborotado temporal que, bajando por la ladera del cerro Ñielol, corría desbocado por la calle Caupolicán, volando a su paso árboles, techos y musgosos cercos de madera. A los tres meses ya era morador en una pequeña puebla campesina, cerca de la Unión. Pasa así nueve años en medio de la montaña. De estos años hay recuerdos imborrables y vivencias que han sido la arcilla fundamental en su vida interior. |
Agradece y agradecerá por siempre la ternura sin renuncia de quienes le acogieron entonces, allá en Cudico y La Centinela, y le dieron la posibilidad de soñar con los pies descalzos en la tierra, y con los ojos, dialogar con las estrellas. A los doce años es deslumbrado niño en la gran Capital. Desde aquel tiempo se ha sentido pasajero en las ciudades y solo en los pequeños pueblos de esta larga Patria encontraba la necesaria simetría afectiva. Lo que sucede entre esos años y 1973, podría ser materia de otro cuento. Desde 1992 está avecindado en un pueblo cálido, en el que aún hay puertas entornadas y sus habitantes le recuerdan, en cada esquina, esos lejanos rostros amados de campesinos, de mujeres hacedoras de huertas y de pan amasado. Es su querido Hualqui, rodeado por tres esteros y donde el Bío Bío, río mayor de los ríos, interrumpe su curso lineal y entra a saludar a esta comarca de la esperanza. Aquí, ha revivido ese universo pleno de naturaleza y de verdad de sus primeros años.
|
|